Dolores Hidalgo, Cuna de la Independencia Nacional, es un municipio que se encuentra ubicado estratégicamente en el centro del Norte del Estado de Guanajuato, no sólo es Cuna de la Independencia Nacional de gran valor Histórico para la República Mexicana, sino que ha sido Cuna de grandes hombres y su principal actividad es la Artesanía, siguiéndole en importancia la actividad turística y el desarrollo agropecuario, comercial, de servicios y en más de una década en los servicios del turismo.
EL origen de Dolores Hidalgo se liga muy profundamente con la fundación de la Hacienda de "La Erré", misma que se remonta en la primera mitad del siglo XVII 1534, siendo en diciembre de 1606, cuando el entonces Virrey Marqués de Montes Claros, cede un sitio de ganado mayor y 8 caballerías a Pedro Rodríguez Montero.
Originalmente la zona estaba habitada por otomíes, quienes tenían ahí una aldea de nombre Cocomacán, que en náhuatl significa "Lugar donde se cazan tórtolas".
Hacia 1610 se formó una ranchería llamada San Cristóbal, ubicada dentro de los terrenos de la hacienda. En 1643 la ranchería ascendió al rango de congregación, cuando se erigió en la Hacienda de "La Erré" la vicaría de nuestra Señora de los Dolores de la Asunción.
Pocos días después las tierras que conformaban esta Hacienda, son vendidas al doctor Hernán Carrillo Altamirano, abogado de la Real Audiencia de México.En manos del doctor Carrillo Altamirano, la Hacienda de "la Erré", gracias a "otras mercedes reales, compras y heredades", llegó a ser uno de los latifundios más extensos de Guanajuato.
Es en el año de 1619 cuando Juan Altamirano Saavedra, pariente del Doctor Hernán Carrillo, aparece como dueño de las labores de "La Cieneguilla de Nieto", "Santa Lucía", "Río Seco", "La Erré" , "El Comedero", "La Ventanilla", "El Llanito", "El Xoconoxtle", "El Gusano", "La Ciénega de Guerrero", "San Nicolás", "San Mateo", "San Damián", "El Espejo", "Río de Don Juan" y "La Cruz"; propiedades que años más tarde heredaría Don Rodrigo Mejía y Altamirano, Alguacil mayor de la Real Audiencia de la Nueva España y, que ya para ese entonces, formaban parte de un sólo complejo económico: La Hacienda de la Erré.
Al morir Mejía y Altamirano, la hacienda pasó a manos de su hija Juana Mejía Altamirano y de Tovar, casada con Don Carlos de Luna y Arellano y Sámano, mejor conocido como el mariscal de Castilla. A partir de ese momento y hasta después de la Guerra de Independencia, la hacienda estuvo en poder de los descendientes del primer Mariscal de Castilla, aunque después de terminado el movimiento insurgente, la finca fue parcialmente abandonada.
Para 1824, la hacienda es vendida a Don Mateo Delgado y, tras varios legados entre su familia, Don Manuel Rubio quedó como dueño único de "La Erré" en 1890; cuya casa con su archivo y biblioteca se conserva casi intacta contando, para ese año, con 420 habitantes y con una estación del Ferrocarril Nacional Mexicano dentro de su territorio. A la muerte de Don Manuel, la propiedad pasó a su hija María Guadalupe, quien acabó fraccionando la Hacienda y, terminando así, con uno de los más grandes latifundios del estado.
Como se menciona al principio, el origen de este simbólico municipio está relacionado con la Hacienda de "La Erré", la cual fue fundada por el Virrey Marqués de Montes Carlos para la cría de ganado en el año de 1710, sin embargo ya desde 1570 el Virrey Enriquez de Almanza ya había erigido en este territorio la Congregación de Nuestra Señora de los Dolores, hecho derivado del carácter religioso de su benefactor el cura Don Álvaro de Osio y Ocampo.
El cura Don Álvaro de Osio y Ocampo hizo posible la ampliación de la congregación en 1643, con terrenos comprados a la Hacienda de "La Erré", que donó a los vecinos y que formaron el trazo original del pueblo. En el siglo XVIII se dio una gran prosperidad agrícola y ganadera en Dolores, con el consiguiente auge comercial.
Don Miguel Hidalgo y Costilla llegó a la congregación de Dolores en 1803, proveniente del municipio vecino de San Felipe Torres Mochas, haciéndose cargo de la parroquia de nuestra Señora de los Dolores, misma que estaba a cargo de su Hermano Joaquín Hidalgo y Costilla, quien había fallecido.
El Padre de la Patria de inmediato, como ya lo había hecho en San Felipe, comenzó a desarrollar actividades en beneficio de la población. Instaló una alfarería, una carpintería y un telar; plantó moreras y vides, formó colmenas, adiestró a los agricultores y artesanos dolorenses. Estas acciones de promotor social y económico entre indios y mestizos de la región explican la influencia que ejerció sobre la gente que lo siguió al dar el grito de la libertad.
Actualmente la Hacienda de "La Erré" es propiedad de la familia Torres Aguilar y se encuentra muy derruida, aunque existen proyectos que se enfocan al rescate de la misma buscando una restauración que ofrezca todos los servicios de un Gran Hotel.En la fachada principal de la Hacienda, en una esquina de la construcción principal (la casa del amo) existe una placa que narra el siguiente hecho histórico: "El 16 de septiembre de 1810 llegó a medio día el Sr. Cura Miguel Hidalgo y Costilla a esta hacienda de "La Erré"" y comió en la sala de la finca. Terminada la comida y después de haber formado el Primer Estado Mayor del Ejército Insurgente, dio la orden de marchar rumbo a Atotonilco y al hacerlo dijo: ADELANTE SEÑORES, VÁMONOS; YA SE LE HA PUESTO EL CASCABEL AL GATO, FALTA VER QUIENES SON LOS QUE SOBRAMOS".
Ahí mismo, tan sólo a unos metros de esta construcción esta un Mezquite de más de 300 años de vida, dice la tradición que bajo la sobra de ese mezquite el precario ejército descanso y comió, esperando la llegada de más integrantes que provenían de San Felipe y otros municipios, así como las armas que hicieran más fuerte este ejército, puesto que de principio solo estaban armados con guadañas, hondas, palos y picas. También se dice que ahí, Hidalgo ofició una misa a sus hombres.
La presencia de visitantes ilustres en Dolores forma parte de la historia local, tal es el caso de Maximiliano, que estuvo en la ciudad el 15 de septiembre de 1864, mismo que historiadores le atañen haber sido el primero en reconocer a Hidalgo su sacrificio; El Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez también lo visitó dos veces; en 1899 Porfirio Díaz la visitó; en 1914, Venustiano Carranza pasó unos días en la localidad. También Álvaro Obregón en su período presidencial, visitó dos veces Dolores Hidalgo.
El presidente Lázaro Cárdenas inició el 15 de septiembre de 1940 la tradición del grito en el atrio de la Parroquia, señalando desde ese entonces que "es una obligación de los mexicanos visitar el Altar de la Patria". A partir de entonces, los presidentes de la república vienen a dar el grito de independencia a la ciudad de Dolores Hidalgo, en el quinto año de sus respectivos mandatos. Actualmente, los dolorenses siguen basando su economía en la agricultura, la industria artesanal y el comercio
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