Desde la noche de los tiempos, la Fiesta del Señor de los Afligidos pertenece a los descendientes de los otomíes. En la actualidad son los habitantes, pobres y ricos, de la cabecera municipal quienes acuden a la Comunidad de El Llanito a pedir y agradecer por el año que termina e inicia.
¿En dónde se encuentra el Llanito? El Municipio de Dolores Hidalgo se ubica en la región noroeste del estado de Guanajuato. Limita al norte con San Diego de
la Unión, al oriente con San Luis de la Paz y San Miguel Allende, al poniente con San Felipe y el municipio de Guanajuato. Su extensión territorial ocupa 5.74% de
la superficie total del estado.
La comunidad que nos ocupa se ubica a 7 kilómetros al sur de la cabecera de la Cuna de la Independencia y ”Capital del Bicentenario”. De acuerdo con algunos
estudiosos, es una de las más antiguas del municipio, es decir, desde antes que existiera la Hacienda de la Erre. La tradición oral dice que el dueño de dicha
Hacienda regaló en 1559, a los vecinos de El Llanito, la imagen del “Señor San Salvador Consuelo de los Afligidos”. Esa misma fecha aparece en la placa que
tiene el Templo del lado izquierdo de su fachada.
En la primera mitad del siglo de la conquista, a la llegada de los españoles al territorio central de los chichimecas se encontraron que al otro lado de la sierra de Guanajuato había una aldea indígena de nombre “comacorán”, y como las autoridades españolas siempre mostraron poco respeto para las propiedades de los indios, a partir de los años cincuentas del siglo XVI empezaron a dar tierras a hombres blancos, abarcando las sementeras de los aborígenes.
Esas tierras dadas como “mercedes reales” se fueron concentrando en pocas manos hasta que se formó como propiedad de un solo hombre, quedando la aldea “comacorán” dentro de los límites de la Hacienda de la Erre.
“El clima y la orografía hacen de la comarca una región mas bien propicia para la cría de ganado menor, quedando las actividades agrícolas relegadas a los llanos propiamente dichos, que se benefician de las aguas de los afluentes del Río Lerma: Río Dolores, Río de la Venta, Río de San Diego, Río de Gabriel y Río de la Laja... En general el terreno es seco y domina en las montañas la roca porfírica y en algunos lugares la caliza, razón por la cual los suelos son poco fértiles y de pastos naturales cortos, lo que reduce su empleo al simple pastoreo...” (Descripción consignada en el Libro: “Estudio Económico de Dolores Hidalgo, 1740-1790”. Flor de María Hurtado López, INAH.)
Bajo este panorama poco prometedor, surge la Hacienda de la Erre, conocida así por la forma que tomaba de la figura de esta letra del alfabeto. Se establece como tal entre los años 1534-1540.
Fueron los Mariscales de Castilla y primeros señores de las villas de Siria y Borobia y luego marqueses de Siria y Vizcondes de Borobia, familia muy antigua en la Vieja y en la Nueva España, los latifundistas más poderosos del Guanajuato colonial y de primeros lustros del independiente.
Estos hacendados nunca trabajaron personalmente las tierras sino que tenían administradores en unos casos, y en otros rentaban las tierras, tanto para potrero como para agricultura, y hasta llegaron a alquilar propiedades ajenas, sobre todo de pasto para sus ganados. Tampoco vivieron jamás en las haciendas, sino siempre en la ciudad de México, donde eran de primerísima fila en la vida social, económica y política, llegando al grado de darle el nombre de su título a la calle donde estaba su morada: La Mariscala.
Era propiedad de Hernán Carrillo Altamirano, abogado de la Real Audiencia, quien compró la Merced y un sin fin de tierras para extender su posesión.
En 1544 “Se dan los títulos de compraventa de los terrenos de San Pablo, San Cristóbal y El Gallinero, pertenecientes a la Hacienda de la Erre, a García de Morón, militar español, sobre dos sitios de estancia de ganados y una caballería de tierra en los Chichimecas, en un paraje denominado "Comacorán" posterior sede de la fundación de Dolores. (Dolores antes de la Independencia. Juan Carlos Ruiz Guadalajara)
En 1568 “El Virrey Martín Enríquez de Almanza erigió la Congregación de Ntra. Sra. de los Dolores en el sitio donde estaba asentada la ranchería otomí de nombre Cocomacan quedando ésta sujeta, eclesiástica y civilmente a la Villa de San Miguel el Grande y, por lo mismo, correspondía a la Vicaría de Nuestra Señora de la Asunción de la Erre, ayuda de parroquia de dicha villa, ejercer la jurisdicción eclesiástica en ella”. (Historia Gráfica de la Nueva España. José R. Benítez.)
A partir de esta fecha comienza a presentarse en documentos el nombre de "Cocomacan", en lugar de "Comacorán". Probablemente la palabra se distorsionó en la traslación oral, de lo autóctono a lo hispano, con el transcurso de los años tuvo un lapsus de ambigüedad fonética que finalmente derivó en Cocomacan.
La Hacienda de la Erre pasó a manos de Rodrigo Mejía Altamirano, a inicios del Siglo XVII, que era descendiente del Rey Pedro de Castilla.
La Hacienda fue heredada en el Siglo XVII a un pariente político: José Pedro de Luna Gómez, Alcalde de México, Regidor y Secretario del Virreinato, Alguacil del Tribunal de Cuentas de la Real Audiencia. De ella obtenían lana para obrajes que se producían en DOLORES, pero sobre todo en San Miguel el Grande. Su hijo, Francisco de Paula Luna y Gómez, quien tenía el Título de Mariscal de Castilla, la heredó a la muerte de su padre, como era la costumbre. A él, le toca la Guerra de Independencia. Ausente el dueño, corresponde a Don Miguel Malo, administrador de la Hacienda, recibir y dar alojo en la Hacienda a DON MIGUEL HIDALGO Y COSTILLA con los primeros Insurgentes que salieron del PUEBLO DE DOLORES, al Primer Ejército de México, para que esperaran ahí a los hermanos José de la Luz y José Gabriel Gutiérrez, que venían de la Hacienda de Santa Bárbara, perteneciente a Dolores, con lanzas, ondas, fusiles, y dos cañones que había mandado fundir en ese lugar el Párroco Libertario. Es el administrador y su hijo Luis Malo, quien se iría a la lucha con el Hidalgo, quienes escuchan la sentencia del CURA SABIO: “Caballeros, ya se le ha puesto el cascabel al gato, falta ver quienes son los que sobramos”.
Ya en el Siglo XIX, la Hacienda es vendida en 1829 a Mateo Delgado, quien se la Hereda a Jacinto Rubio (al parecer su hijo). La propiedad sigue con la Familia Rubio hasta fines del Siglo XIX, cuando comienzan a fraccionarla y venderla en partes. En la actualidad se conserva el casco de la Hacienda pero está abandonada y en ruinas.
También, dentro de las tierras de la rica Hacienda de la Erre, se encontraba un lugar llamado EL LLANITO. En la actualidad la comunidad se compone de unos doscientos jefes de familia. El mismo Barrón dice que, en 1942, año de impresión de su trabajo “Apuntes Históricos de Dolores Hidalgo”, había: “doscientas personas pertenecientes a la raza otomí”.
El Llanito, al igual que otras comunidades de la cuenca del Río Laja y otros lugares del estado de Guanajuato, tiene un antecedente en el México Antiguo. En la actualidad, un porcentaje representativo de su población, continúa practicando, en la vida cotidiana, el derecho consuetudinario: manifestación de la intuición de un orden fundamentado en reglas prácticas, o costumbres, concebidas en comunión con las fuerzas de la naturaleza y transmitidas, esencialmente de manera verbal, en resumidas cuentas, siguiendo sus tradiciones. Gracias a ello han podido guardar y seguir reproduciendo y enriqueciendo su acervo sociocultural milenario: conocimientos y concepciones del mundo.
El padre Barrón afirma que “...todavía en l924, era curioso ver como las distintas comunidades se presentaban ante el sacerdote, para arreglar la celebración de misas o el rezo de responsos, llevando su intérprete, y aún cuando todos hablaban y entendían español, sin embargo solo hablaban otomí y el intérprete se encargaba de traducir al sacerdote la petición y a la comunidad la respuesta.”
Para algunos de los habitantes del El Llanito es solo un recuerdo borroso el que sus antepasados hablaran la lengua otomí. Por ejemplo el Mayordomo Mayor recuerda que sus tías hablaban otomí, su papá solo en algunas palabras. A pesar de la memoria histórica que se borra, don Bernardino Díaz Venegas afirma que El Llanito era la base principal de los otomíes porque ya celebraban la Fiesta de la Santa Virgen y allí era puro otomí el que se hablaba. De la misma forma, otro de los mayordomos da como motivo de que el otomí se perdiera, el siguiente:
“...decía mi papá que eran las escuelas que habían acabado con eso, que lo prohibían; que ya no nos enseñaran ese idioma, para que se enseñaran a hablar claro, pero todavía aquí, en Tierra Blanca, cerca hay uno que si habla otomí.”
En la actualidad las ocupaciones principales de la población son las tabiqueras, un poco la construcción de muebles, la fabricación de cerámica; la agricultura, sobretodo legumbres y hortalizas que encuentran su mercado en la cabecera municipal. En esta comunidad las mujeres también participan en la economía familiar. Ellas hacen tortillas y gorditas de maíz negro, rojo y amarillo y las llevan a vender a Dolores.
El Santuario de El Llanito tiene en su poder una imagen milagrosa: SEÑOR SAN SALVADOR CONSUELO DE LOS AFLIGIDOS, a la cual los fieles ofrecen, en agradecimiento, un exvoto, o retablo, como se le conoce mejor. La organización del Templo esta compuesta por una Mayordomía. Por principio hay un Mayordomo Mayor y 6 seis más. Por la gran carga de trabajo en sus funciones, los cambios se hacen anuales. La información escrita más antigua –l937- habla de 5 cinco Mayordomos: Domingo Almaguer, Amado Godínez, Petronilo Mejía, Juan Godínez y José Perales.
Las Fiestas, desde la Edad Media, responden a ciclos litúrgicos, cívicos y religiosos; al lado de estos, existían las que irrumpían la vida cotidiana, es decir, los festejos en torno a Reyes y Nobles que manifiestan los Triunfos de Guerra, bodas, nacimientos y muertes. Se organizaban bajo torneos, juegos de caña, toros, procesiones y representaciones.
Al correr del tiempo, la Fiesta se transforma en factor aglutinante de los grupos sociales. Lo que en la Edad Media resultaba exclusivo de la Corte, era el escape y desahogo del pueblo durante el reinado de los Austrias; etapa que reuniría los aspectos más opuestos, es decir, “lo alto y lo bajo”, manifestaciones populares, culturales, cortesanas y folklóricas se unen en una sola. Esquema que se calca en la Nueva España y que al contacto con la civilización americana retoma un nuevo curso. No obstante la problemática de la FIESTA DEL SEÑOR SAN SALVADOR CONSUELO DE LOS AFLIGIDOS presenta ciertos intereses creados por los poseedores de esta manifestación religiosa: El SEÑOR DE LOS AFLIGIDOS tiene dos festejos.
La Fiesta del Señor de los Afligidos que se venera en el Santuario de El Llanito presenta ciertos intereses creados por los poseedores de esta manifestación religiosa: EL SEÑOR DE LOS AFLIGIDOS tiene dos festejos: uno en agosto en el que solo la comunidad participa y otro a fin de año en que es para los fieles de otras comunidades.
“...en nuestra historia y en la fe que tenemos, como se dice, en la fe que tenemos es la del día 6 de agosto, pero para recaudar fondos la de nosotros es la de enero. Por que entonces si vienen de distintas partes y nos dejan fondos para movernos todo el año; para ayudarnos es mejor la del 1º. de enero, pero en la fe que tenemos en el Señor es la de agosto, porque en la de enero nomás es pura gente que unos con otros se ven, pero la fe que nosotros tenemos fue la de agosto por que esa si está dedicada el día 6 nomás con el Señor y la de enero no, pues se juntan todo, la de dentro y la de fuera...”, apunta Don Bernardino.
En la Fiesta se encuentran uno o varios discursos que giran en torno a prácticas ideológicas: en la obediencia al Estado y a la Iglesia, bajo la premisa de que ambos representan a la autoridad divina. Partiendo de aquí, toda Fiesta mostrará una agrupación heterogénea que reunirá grupos sociales diferentes. Los estudios realizados en torno a las fiestas muestran una pirámide social en la que aparece, claramente delimitada, la participación rural y las diferentes fuerzas urbanas; es conveniente matizar, ya que en este caso, la organización y el desarrollo de los festejos del Señor de los Afligidos descansa completamente en los mayordomos que la misma comunidad nombra año con año. La participación de la Iglesia resulta un poco confusa.
La anterior declaración proveniente del Mayordomo Mayor y la de sus compañeros, en el sentido de que es la Comunidad quien decide los nombramientos, es relativa ya que no se puede negar que él –Don Bernardino- puede influir en los nombramientos de quienes lo auxiliaron. Esto entra en conflicto con la determinación de la Iglesia:
“Al erigirse el Obispado de León... El Ilustrísimo Señor Sollano... visitó el Santuario del Señor de El Llanito... en la Octava Visita (1870) expidió el REGLAMENTO PROVISIONAL PARA EL SANTUARIO, QUE REGIRÁ MIENTRAS QUE LA EXPERIENCIA VA INDICANDO LO MEJOR QUE CONVENGA... se fijan las obligaciones y derechos del capellán, así como las de los Mayordomos y diputados y la forma de elegirlos; se dan también varias disposiciones pertinentes al culto...”
El estudio de la Fiesta permite comprender por qué y cómo, una problemática socioeconómica y sociopolítica continúa presente y efectiva en el nivel de la organización de la vida cultural. Como es el caso de esta Comunidad en el que, para estos dos días, todos participan de los beneficios económicos que se reciben; desde la personas que venden tortillas, nopalitos, caldo de res o de pollo, garbanzos, gorditas, chicharrón, frijoles de la olla, zanahorias, rabanitos, jícamas, fruta, hasta el que mata varios cerdos para venderlos en carnitas, o bien, la cerámica que se fabrica en la comunidad y que los fieles del exterior adquieren como un recuerdo de su visita al Santuario de El Llanito.
El Padre J. Zacarías Barrón Falcón, en sus “Apuntes Históricos de Dolores Hidalgo”, recrea la celebración de la Fiesta a partir de su propio recurso, tal y como se celebraba en el Siglo Pasado. Esto coincide en algunos aspectos con la narración de Don Bernardino:
“La Fiesta Titular se celebra el 1º. de enero y da lugar a una animada romería y feria que dura varios días; para esta Fiesta vienen peregrinaciones de indígenas de varias partes... En los últimos años (l930-1940) –época del Padre Barrón- ha perdido esta Fiesta mucho de lo típico que tenía, pues los indígenas ya no usan, como idioma oficial, en esos días, el otomí sino el castellano...Los distintos grupos acampaban en la espaciosa plaza que se encuentra frente al Templo, dejando el centro para las danzas. En todos se oía como sus miembros hablaban solo otomí. La Fiesta duraba del 30 de diciembre al 6 de enero y durante esos días, se sucedían las romerías al Llanito...”
En 1940, el Presbítero Barrón se queja de los cambios: “...ahora los camiones traen y llevan a la gente en unas cuantas horas y lo que antes eran ocho días de animación se ha reducido solo a dos...” Efectivamente, ahora el día 1º. de enero confluyen una gran cantidad de camiones urbanos que, por cinco pesos llevan y traen a los fieles.
En entrevista realizada a don Bernardino Díaz Venegas, el l8 de septiembre de l997 por la Revista “Guanajuato, Voces de su Historia”, hizo su propio discurso:
“... La Fiesta venía durando quince días. Nomás que, entre eso, hubo problemas: que llovía mucho y otra es que venían los fieles y dicen que hacían muchos desperdicios con las milpas, con las parcelas de los señores y el gobierno se quejó. El gobierno Federal se quejó con el Gobierno Eclesiástico, con los obispos: “que hacemos con esa milpa, es que es mucho destrozo el que hacen estos señores que vienen a la Fiesta... ¿cómo le vamos a hacer con esa Fiesta?, no nos conviene. Pues ¿qué les parece? ¿Vamos cambiándola al 1º. de enero? para que den las gracias los que vienen por el año que termina y den gracias por el año que empieza, vamos dejándola para el 1º. de enero, y así la dejaron y es la que tenemos hoy...”
En las palabras del informante coexisten dos discursos, por un lado, las lluvias de agosto ocasionaban serios problemas a las milpas por las aglomeraciones de peregrinos, por el otro lado, en agosto aparece la imagen de Señor San Salvador Consuelo de los Afligidos, de ahí que en la religiosidad de la comunidad, esta sea la fecha más importante.
Otro de los peligros que conllevan las Fiestas religiosas en el México actual, y que deberá cuidarse es la intromisión del Estado con la llamada “cultura oficial”. Sin responsabilidad ni conocimiento histórico por parte de los mandos oficiales, se corre el peligro de perder o deformar la cultura mexicana, como en esta Festividad del Señor de los Afligidos, que se venera en el Santuario del Llanito. De la misma manera, con el avance de la industrialización, paulatinamente se va desarticulando. Así lo transcriben el Mayordomo Mayor y el Padre Barrón: Estado e Iglesia delimitan el espacio temporal de la religiosidad de una Comunidad.
En relación a la Festividad que nos ocupa, y que esta próxima a cumplir 450 años, podemos decir que en la Comunidad de El Llanito el otomí, como cualquier lengua base de la identidad de un pueblo, ya nadie lo habla. De acuerdo a los entrevistados en la cuenca del Río Laja, las nuevas generaciones en este Siglo XXI, obligados por la situación económica y migración (más la imposición de las instituciones civiles y religiosas) les prohibieron el otomí. Los cinco mayordomos actuales: Domingo Almaguer, Amado Godínez, Petronilo Mejía, Juan Godínez y José Perales, responsables del Templo del Señor de los Afligidos, solo recuerdan que sus abuelos, padres y tíos hablaban el otomí. A partir de ellos, la facultad de ser bilingües se pierde y se convierten en monobilingües. Por desgracia, “el español”, la lengua de “la gente de razón” ha ganado una batalla. Pero por fortuna, la reactualización de la tradición oral continúa dándole cohesión a esta Comunidad.
Así que, para poder preservar su riqueza sociocultural, no les queda otra alternativa que refugiarse en la tradición oral y en los ritos católicos. De ahí la importancia que tiene la reactualización de la tradición oral del sistema consuetudinario, sobre todo cuando la Comunidad vive momentos difíciles o en la transmisión de poderes. La Fiesta Religiosa del Señor de los Afligidos en El Llanito y todas las que celebran durante el año en las comunidades de la cuenca del Río Laja, convocan esta práctica.
La Fiesta en esta Comunidad transcribe un protagonismo colectivo que, a través de la organización, actividades y rituales que conlleva la Celebración, rebasa las fronteras de la localidad y del Estado de Guanajuato. Por medio de signos diversos, la Fiesta transmite algunos de los contenidos de la vida cotidiana de la localidad y comunidades que participan. La celebración está conectada con las poblaciones de la cuenca del Río Laja, algunas de ellas son: Guerrero, Cruz del Palmar, Tirado, Los López, Tlaxcalilla, Juan Chiro, Agustín González, La Huerta, La Cuadrilla, Calderón. Así como los barrios de las cabeceras de San Miguel Allende, Comonfort, Celaya, Villagrán, Salamanca y Valle de Santiago, entre otros, con comunidades de otros municipios que se dan cita en el lugar y habitantes de otros estados de la República. Hay que recordar que la Fiesta conlleva un protagonismo colectivo y convoca a todos los miembros presentes y ausentes de la Comunidad.
En El Llanito, comunidad de origen otomí, se convierte por dos días –antes la Fiesta duraba ocho días, es decir, del 30 de diciembre al seis de enero- en el punto de reencuentro tanto de sus miembros (que por diversos motivos tuvieron que dejarla) como de los peregrinos de las otras comunidades que comparten las mismas tradiciones e inquietudes sobre la vida.
Al igual que los Mayordomos, los peregrinos se preparan con días de anticipación para la celebración. Los primeros afinan los detalles de la velación y el alojamiento de los peregrinos y de los grupos de danzantes. Los segundos se ponen de acuerdo y dan la hora de salida de sus comunidades de origen, el programa del recorrido y los lugares donde depositarán las ofrendas –velas de cebo, veladoras, coronas, bastones de mando, flores y comida-, esto último indica la sacralización del punto de reunión que, por lo general, comprende la casa del responsable, o bien, la Iglesia o “calvario”. El rito consiste en sacralizar el espacio y el tiempo donde están reunidos. El Mayordomo, capitán (de la danza) o guía del grupo –en la comunidad de Cieneguita recibe el nombre de “Remudador”, es decir, el que marca los cambios o relevos en las comisiones- (que puede ser hombre o mujer), con el sahumador –incensario- purifica al grupo en las cuatro direcciones que corresponden a los puntos cardinales, invoca a los familiares y amigos que “se adelantaron en irse de este mundo terrenal” para que los protejan en el viaje y no tengan ningún accidente o percance en la ida y regreso. Algunos peregrinos escuchan una misa en sus comunidades de origen. Un ejemplo de esto corresponde al grupo de Comonfort que baila la danza de los “apaches” –grupo de 30 danzantes (quince mujeres y quince hombres), tiene la particularidad de que los integrantes van desde niños, hasta jóvenes de 18 años. Calzan huarache y los colores que sobresalen en su indumentaria (que cambian cada año) es el morado y el blanco. La responsable es una descendiente otomí, la Señora Sofía Cano Laguna-. Ellos piden al sacerdote que diga los responsos por los difuntos (familiares y amigos) para que su peregrinación llegue a buen término. De esta forma la geografía del la Fiesta del Señor de los Afligidos, se va dibujando por los diferentes grupos de peregrinos que persiguen llegar al Llanito desde el treinta de diciembre al primero de enero. Todos tienen como fin dar gracias por haber terminado el año y poder iniciar el nuevo.
Así, el paisaje geográfico de la Fiesta del Señor de los Afligidos se reconstruye año con año. Entre los peregrinos que se dan cita, están los pertenecientes a las comunidades de la cuenca del Río Laja, incluyendo a los descendientes que en la actualidad, viven en las cabeceras municipales o en otros estados de la República. También asisten comunidades de otras entidades del país que no tienen nexos familiares pero que comparten las mismas tradiciones y tienen una similar visión de la vida.
Este peregrinar va haciendo ciertas paradas que corresponden a los lugares sagrados que reconocen las comunidades del la cuenca del Laja. Dos de estos lugares son el Puerto de Calderón y el Puente del Fraile.
En autobús o caminando, ambas formas tienen, en su recorrido, cuatro puntos en donde se detienen para depositar las ofrendas e invocar a los seres queridos que han muerto. De los que vienen en autobús, unos arriban directamente al Llanito y ahí visitan una capilla dedicada a Nuestra Señora de los Dolores y tres “calvarios o retaches”.
Una vez visitados los cuatro puntos en la comunidad de El Llanito, esperan su turno a la entrada del Templo del Señor de los Afligidos para ofrecer su ofrenda y recibir al mismo tiempo una “limpia”, rito que simboliza la purificación, el cumplimiento de su promesa, el tener paz espiritual y dar gracias a la divinidad por llegar al fin de año y principio del nuevo.
Las peregrinaciones que acuden a El Llanito, algunas que vienen caminando pertenecen a las comunidades más cercanas de la cuenca del Río Laja que incluye la cabecera de San Miguel Allende. Estos tienen, también, cuatro puntos antes de llegar a El Llanito. Dicho recorrido lo hacen entre 8 y 10 horas. Salen a las seis de la mañana y llegan entre las cinco y seis de la tarde.
Un ejemplo de lo anterior corresponde a los Grupos de San Miguel Arcángel y Virgen de Guadalupe. El igual que otros grupos de peregrinos del rumbo, salen a pie de la cabecera municipal de San Miguel Allende e inician su peregrinación el 31 de diciembre por la mañana para reunirse con las comunidades de Cruz del Perdón, La Cuadrilla, Castillo de Milpa y San Nicolás. Juntos realizan el recorrido. Llegan a la caída del sol a la Ex Hacienda de la Erre. Ahí descansan, entran a la Capilla y dan gracias por el año que finaliza y esperan el año nuevo.
Los grupos que llegan directamente, una vez que realizan el recorrido en los cuatro lugares del El Llanito, se van a descansar y se preparan para la “velación”. Mientras tanto los peregrinos continúan llegando y van buscando los espacios en donde descansarán.
La “velación” inicia a las diez de la noche, encabezadas por las comunidades de la cuenca del Río Laja. Terminan entre dos o tres de la mañana. Mientras esto sucede, en el exterior del Templo del Señor de los Afligidos, la banda de viento continúa tocando y una parte de los mayordomos, en compañía de la comunidad y algunos peregrinos, queman dos castillos para despedir el año que finaliza. Esa noche algunos de los moradores de la comunidad, siguen con el festejo hasta el otro día.
El primero de enero los peregrinos que se quedaron a descansar en la Ex Hacienda de la Erre, muy temprano, reinician su marcha a El Llanito para escuchar la misa de 6 o 6:30 de la mañana. Una vez concluida la ceremonia, desayunan y regresan a sus respectivas comunidades.
A partir de ese momento los habitantes de la cabecera municipal de Dolores Hidalgo, Cuna de la Independencia Nacional, llegan a dar gracias al Señor de los Afligidos, y muchos de ellos, reciben LIMPIAS. Mientras esto sucede en el Templo, al exterior, la vendimia logra su máximo esplendor y los danzantes se ubican en tres puntos e inician sus bailes hasta la retirada de los peregrinos, acción que anuncia el final de la Fiesta.
Los habitantes de la comunidad de El Llanito, a través de la Fiesta religiosa del Patrono de la localidad, SEÑOR SAN SALVADOR CONSUELO DE LOS AFLIGIDOS, consolidan su memoria colectiva, trascendiendo en el espacio y el tiempo como pueblo otomí. De esta forma el atardecer del primero de enero han marcado, una vez más, la reactualización de la tradición de los mayores.
El Señor Bernardino Díaz Venegas ocupa el cargo de Mayordomo Mayor o principal, y su contacto con el Santuario del Señor de los Afligidos data de su niñez. Su papá fue Mayordomo por primera vez en l947:
“A mi era al que siempre me tenía aquí. Yo era el que me quedaba aquí y el se iba... trabajaba en ese tiempo en sembrar; de andar con la siembra y con la agricultura... me dejaba aquí... no dejes que los niños hagan travesuras; no dejes que nadie se meta...”
Por estas fechas Don Berna, como le llaman en la comunidad, contaba con apenas ocho años de edad. En este año cumplirá treinta y seis años al frente del Santuario.
La manera en que son escogidos para ocupar el cargo se lleva a cabo de la siguiente forma:
“...juntamos entre la comunidad; buscamos los mejorcitos, por que es como una semilla que se va a sembrar al campo; cuando se siembra una, se escoge la mejor semilla para tirar al campo a ver si Dios nos socorre. Así aquí yo escojo de los que se hagan algo más o menos responsables... Y así lo hago yo cada que hay cambio de mayordomo. Nomás que antes era el cambio de cada dos años; nomás que ahora el Padre dijo que de cada año, para que a todos nos tocara...”
Don Berna nos narra como llegó el Señor de los Afligidos:
“Mire, en aquel entonces... por que todo el vecindario no vivía aquí, aquí se le da el nombre de El Llanito, estaba del otro lado del río... en San Antonio de la Palma, que el es nombre de San Antonio de El Llanito... Allí estaban todas las casitas de las rancherías y aquí era puro llano... puro monte y entre ese monte estaba ese calvarito que está aquí a un costado de la escuela; ese es el calvarito principal que estaba en aquel entonces, entre un patiecito, un llano, que le llaman Llanito. Ahí celebraban la Fiesta de la Santa Cruz... ahí es donde hacían la Fiesta en esa placita que nomás era un puro campito, todo era puro monte, nomás ese lugarcito llano y por eso se le quedó el nombre de El Llanito. En eso está nuestra historia. Y en seguida de eso, trabajadores de la Erre, ahí estaba el Mariscal de Castilla -Pedro de Castilla- que tenía posesiones en esa Hacienda, y eran trabajadores de tarea. Entonces, cuando ellos estaban trabajando, dicen ellos que, bueno, dice el Mariscal que, es el que da la disposición de eso que entonces era el camino mexicano al lado (camino real), cuando estaba la bonanza (riqueza minera) en Guanajuato y que iban y llevaban el oro y la plata hasta allá, a México. Y dice el Mariscal que los arrieros que llevaban el oro y la plata iban con sus diligencias y, en el camino entre medio de La Ventilla y la Erre iba ya oscureciendo, cuando oyen llorar un niño atrás y ellos no querían detenerse por cuestión que iban al paraje donde iban a llegar con su capital, con su material que llevaban pero, pues tenían miedo de que los robaran. Y dicen que, entre más se iban retirando, ya iban cerca llegando a la Erre; cuando siempre ante más se iban retirando oían al niño que lloraba más y más fuerte, más duro y entonces siempre les dio lástima y dijeron: “vamos a ver quien perdió ese niño o cómo se quedó allá” y se devolvieron y lo que hallaron fue el Cristo tirado allí y dijeron: “pos a este Cristo, ¿qué le hacemos nosotros?, vamos de paso, pos ¿pa que lo queremos? Ahí vamos a dejárselo al Mariscal (en la Hacienda de la Erre) a ver qué hace con él... y ellos se fueron. Ya estaba oscuriando...”
Continúa Don Berna su relato diciendo que fue la trabajadora doméstica quien recibió la imagen y que al día siguiente su patrón le reclamó el no haberlo llamado para interrogar a los arrieros, pues quería saber en dónde lo habían encontrado y si iban a regresar por ella. La memoria oral afirma que a partir de ese momento, la imagen empezó a perderse. En tres ocasiones la encontraron rumbo a las tierras de El Llanito.
Haciendo un resumen de lo analizado tenemos que, según la reconstrucción histórica oral, cuenta que el Señor de los Afligidos fue encontrado por unos arrieros que transitaban con su precioso cargamento de oro y plata, tirado en un camino vecinal entre la Ventilla y la Hacienda de la Erre, y le fue entregado al Mariscal de Castilla, dueño de la hacienda de la Erre, y que la Comunidad de El Llanito también se encontraba dentro de los territorios de esta próspera Hacienda.
Como mencionamos, y relacionado con la Historia de la Hacienda de la Erre, la tradición oral cuenta que, por ese tiempo, se hablaba de la repartición del Ejido, lo cual es imposible a mediados del Siglo XVI, pues es una época muy temprana para hablar en términos de “repartición agraria”, ya que ésta comenzó a principios de 1920.
Sin embargo, en la reconstrucción o justificación de la llegada de la imagen a El Llanito, Don Bernardo Díaz Venegas, Mayordomo Mayor del Santuario, confunde erróneamente la entrega “de mercedes reales” a los conquistadores españoles y las traslapa a la “repartición de los ejidos” o tierras:
“Ya oían el rumor que en aquel tiempo iba a venir El Ejido y que les iba a recoger sus terrenos; serían nomás rumores, todavía no se llegaba eso. Pero siempre ya oían de más atrás como las florecillas que vienen, se oían rumores de que venía el Ejido. Y el Mariscal dijo: “No pues viene el Ejido, y nos van a recoger los terrenos; antes de que los recojan, si alguien quiere los de El Llanito...” Por que todos eran trabajadores de aquí; todos eran trabajadores de esa Hacienda; tenían desde obrajeros, carpinteros, zapateros, alfareros, todos, todos los tenía él ahí; toda esa gente ahí. Y dijo: “ustedes que, ¿quieren eso?, si alguien quiere un lotecito voy a fraccionar mis terrenos, por que es lo que me van a quitar. Antes de que me lo quiten yo voy a fraccionar. Si alguien quiere un lotecito yo voy a vender, publiquen que yo voy a vender, y yo voy a retirarme a España, por que yo ya no la hice aquí...”
La memoria colectiva tiende a reconstruir su relato para continuar siendo; para existir y resistir los embates de la modernidad, de la migración originada por las crisis económicas y de valores que padecen los fieles, no solo del medio urbano, sino también del rural.
Lo importante es que al acercarse la Fiesta de la Santa Cruz, el tres de mayo, se invitó al Mariscal de Castilla a presenciar los Festejos. Este se entusiasmó y propuso regalarles el Cristo, que los arrieros le habían dejado en su Hacienda, a los habitantes de El Llanito, quienes estaban organizados en los gremios antes mencionados, a la vez que les proporcionó o vendió tierras para que se organizaran por barrios.
“...llegó a la Capillita de San Antonio, (primer Capilla que recibió la Milagrosa Imagen, al otro lado del Río), por que allá es donde llegó. Y allí no se sabe cuanto tiempo lo tuvieron; allí le iban a poner su Templo, nada más que en ese tiempo llovía mucho y pensaron: “Este Crucifijo va a trabajar y va a tener Fieles, y van a batallar con el Río, no van a poder pasar, “¿Qué les parece si vamos cambiándolo para allá, donde está la Santa Cruz?”, apunta Don Bernardo.
De esta forma el Señor San Salvador Consuelo de los Afligidos, llega en el año de 1559 mil quinientos cincuenta y nueve como Patrono de la Comunidad de El Llanito, por lo que el 1º. de enero (Señor de los Afligidos) y 6 de agosto (Señor San Salvador) del 2009 celebra sus 450 años de su aparición y culto.
En este acercamiento a la religiosidad de una comunidad de origen otomí caben señalar algunos puntos: la forma en que muchos de los asentamientos prehispánicos se convirtieron en centros piloto de la religión del invasor; la manera en que una problemática social (reparto agrario) entra en conflicto con lo religioso.
El Poder económico trasciende en la organización de la Fiesta Religiosa
La manera como esta comunidad se organiza y lleva a cabo la Fiesta del Señor de los Afligidos en sus dos fechas, 1º. de Enero y 6 de agosto, deberá respetarse ya que, de esta forma, se integran al policromado mosaico del actual pueblo mexicano.
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